Estando en un viaje se nos ocurrió sentarnos a mirar por una ventana hacia el exterior, donde se lograba ver una suave duna que coronaba el extremo de una playa, donde encontrábamos un lugar de reflexión, donde podíamos compartir con los queridos y donde a ellos les podíamos otorgar todo nuestro cariño y extenderles una mano cuando éstos la necesitaban. Pero no logramos bajarnos del vehiculo ¿Y saben cual era la razón? La ventana era muy gruesa. Tanto así, que nos golpeábamos en ella para romperla y saltar de nuestro carruaje andante, saltar sobre la arena y sentarnos en esa duna, pero no podíamos, la ventana era muy gruesa. Nos miramos entre todos en el grupo y nos daba impotencia ver esto. ¿Saben que nos daba rabia? En la duna, había alguien que necesitaba ayuda, nos agitaba su mano pidiendo que nos bajáramos, quizás no a nosotros, pero la ayuda la pedía y nosotros futuros enfermeros, nos sentíamos impotentes al ver que no podíamos bajarnos.
Al cabo de unos minutos empezamos a agudizar nuestra vista, y nos dimos cuenta que la persona que agitaba la mano era alguien conocido, demasiado porque más de alguna vez nos estrechó entre sus brazos para cobijarnos, y ahora la veíamos ahí pidiendo ayuda.
Entonces le dijimos al chofer que detuviera el vehiculo y le gritamos entre todo:
- ¿Cuál es el problema tía Leonor?-
Ella nos miró en silencio, entonces se acercó a la ventana y Tania le gritó:
- ¿Mamá estás bien?
- Ni niños, no estoy bien.- Dijo negando con su cabeza.
Entonces empezamos a mirarnos con desesperación, queríamos bajarnos a ayudarla, ni siquiera teníamos en claro que podríamos hacer, pero algo queríamos hacer.
Nos sentamos dentro del carruaje y empezamos a analizar el problema.
- Giannisa, ¿dime que vez en esa ventana?- Habló Bárbara
- Solo problemas, solo limitaciones, no veo nada claro… ¡es más! Me parece que la ventana se empieza a oscurecer.- Respondió Giannisa.
Dayan, que era la otra niña que iba dentro de nuestro vehiculo bajo su mirada y habló con frialdad.
- ¿Me puedes explicar bien Tania cual es la razón para que tu madre agite la mano pidiendo ayuda, pero no sea capaz de mirarnos a los ojos? -
Tania, quien permanecía inmóvil se sentó y empezó a declarar, como si se tratara de algo que le fuera a romper el alma y nos dijo.
- Niños, me duele decirles esto, pero no tengo a nadie más a quien contárselos. Hace años mi madre, la tía Leonor para ustedes, tiene un problema en una parte de su cuerpo, que hace limpiar su sangre. Cuando tuvo a mi hermana, Camila, hace unos 15 años atrás, empezó a perder la funcionalidad del limpiador de su sangre, que se llama riñón. Esto la fue desgastando lentamente, hasta que ahora, hace un par de semanas, un caballero de blanco delantal le dijo que esa parte no iba a funcionar más. Entonces nos dirigimos al hospital, donde se supone que la iban a ayudar…-
-¡¿Y que ocurrió?! – Interrumpió Bárbara.
Tania bajó su cabeza y dijo con tristeza.
- Si niños, se suponía eso. ¿Ustedes conocen los hospitales cierto? Es ahí donde nos tenemos que parar varios días en el año a atender a personas que con suerte conocemos, pero que les otorgamos la mejor atención, con todo nuestro corazón para que ellos puedan sanarse e irse a su casa. Pero a mi madre no logramos hacerle eso, para ustedes es un riñón-.
- Pero para el señor de la bata blanca es una diálisis… o la espera de un transplante- Dijo con rabia Giannisa
- Para mi es vida, es el motor del sueño de mi madre, quien me crió sola y a quien ahora no puedo darle vida.- Dijo tambaleante y triste Tania.
- ¿Qué podemos hacer? – Dije yo.
Entonces el silencio nos invadió, y nos abrazamos con fuerza.
Leonor es la mamá de Tania, integrante de nuestro grupo, amiga de nosotros, y por sobre todos, parte de nuestra familia en Valparaíso. Hace poco más de unos dos meses, unos exámenes que tuvo que hacerse arrojaron resultados horribles, que motivaron una evaluación por un nefrólogo. El diagnostico no era muy alentador, porque el señaló que sus riñones ya no funcionaban y que debería empezar a dializarse cuanto antes.
Pero dializarse no es tan simple como parece. Primero que todo, la tía Leonor necesitaba una fístula, por ende una intervención quirúrgica. Encontramos cama, pero para 6 meses más… para un asunto que necesitaba una urgencia de no más allá de dos semanas. Ahora estábamos al otro lado de la vereda, con impotencia de no saber que hacer. Luego de unas semanas, y gracias a nuestro querido amigo “pituto”, “cuña” o como quieran llamarle, consiguieron una cama. Donde le instalaron una fístula que al cabo de unas semanas, no funcionó. De nuevo en busca de otra cama, por otra fístula, que por suerte resultó.
Para llegar a esto hubo que pasar muchas rabias, darnos cuenta que el sistema de salud era horrible, donde tratamos de esconder eso como grupo, con una sonrisa de oreja a oreja cada mañana y decirles a todo “¡Esto funciona bien!”
Como comentario grupal, señalamos que este es un tema que nos tocó fuerte, donde queríamos ayudar, pero no encontrábamos las herramientas, donde por adelantar una cama dejamos a otro afuera, que quizás la necesitaba con suma urgencia, o quizás 10 personas que la necesitaban con urgencia. ¿Por qué no hay salud equitativa en Chile? ¿Que cuesta darle al país salud?
Lo peor, fue la impotencia de pararse el siguiente lunes, entrar a práctico, a “trabajar” en ese mismo hospital que nos negaba una cama y decir “Esto funciona bien”.
Quizás en este comentario no se tomó en cuenta ningún valor e forma explicita, quizás pasamos a llevar todos los principalísimos de la bioética, quizás lo hicimos todo mal, o lo hicimos todo bien. Pero nos impacta ver como las cosas son malas, donde vemos a alguien cercano sufrir. En estos momentos no nos queda más que mirarnos con calidez y abrazarnos.
Leonor seguía en la Playa, mirando el mar. Entonces nosotros miramos la ventana y la vimos más nítida. Preguntamos cuanto de gruesa era y nos dijo el chofer:
- Tranquilo chicos, les queda un par de años para llegar a la estación, por mientras esfuércense y estudien, para ver si pueden ayudar a toda esa gente que está en esa playa-
Nos dimos cuenta que en esa playa habían miles de personas que nos agitaban la mano pidiendo ayuda. Nosotros nos dimos cuenta que este momento nos sirvió para ver que también somos vulnerables, pero nos inspira a seguir estudiando, para darle atención a quienes lo necesitan, porque una sonrisa no lo cambiará todo, pero un abrazo nos ayuda, nos da energía para cambiar en algo este problema que nos aqueja a todos, en esta salud publica chilena.
- Animo muchachos, nos queda poco y esto no impedirá que con la mejor cara nos paremos ese lunes a darle atención a quienes lo necesitan, quien dice que en unos años más podemos cambiar algo… entre todos.-
Al cabo de unos minutos empezamos a agudizar nuestra vista, y nos dimos cuenta que la persona que agitaba la mano era alguien conocido, demasiado porque más de alguna vez nos estrechó entre sus brazos para cobijarnos, y ahora la veíamos ahí pidiendo ayuda.
Entonces le dijimos al chofer que detuviera el vehiculo y le gritamos entre todo:
- ¿Cuál es el problema tía Leonor?-
Ella nos miró en silencio, entonces se acercó a la ventana y Tania le gritó:
- ¿Mamá estás bien?
- Ni niños, no estoy bien.- Dijo negando con su cabeza.
Entonces empezamos a mirarnos con desesperación, queríamos bajarnos a ayudarla, ni siquiera teníamos en claro que podríamos hacer, pero algo queríamos hacer.
Nos sentamos dentro del carruaje y empezamos a analizar el problema.
- Giannisa, ¿dime que vez en esa ventana?- Habló Bárbara
- Solo problemas, solo limitaciones, no veo nada claro… ¡es más! Me parece que la ventana se empieza a oscurecer.- Respondió Giannisa.
Dayan, que era la otra niña que iba dentro de nuestro vehiculo bajo su mirada y habló con frialdad.
- ¿Me puedes explicar bien Tania cual es la razón para que tu madre agite la mano pidiendo ayuda, pero no sea capaz de mirarnos a los ojos? -
Tania, quien permanecía inmóvil se sentó y empezó a declarar, como si se tratara de algo que le fuera a romper el alma y nos dijo.
- Niños, me duele decirles esto, pero no tengo a nadie más a quien contárselos. Hace años mi madre, la tía Leonor para ustedes, tiene un problema en una parte de su cuerpo, que hace limpiar su sangre. Cuando tuvo a mi hermana, Camila, hace unos 15 años atrás, empezó a perder la funcionalidad del limpiador de su sangre, que se llama riñón. Esto la fue desgastando lentamente, hasta que ahora, hace un par de semanas, un caballero de blanco delantal le dijo que esa parte no iba a funcionar más. Entonces nos dirigimos al hospital, donde se supone que la iban a ayudar…-
-¡¿Y que ocurrió?! – Interrumpió Bárbara.
Tania bajó su cabeza y dijo con tristeza.
- Si niños, se suponía eso. ¿Ustedes conocen los hospitales cierto? Es ahí donde nos tenemos que parar varios días en el año a atender a personas que con suerte conocemos, pero que les otorgamos la mejor atención, con todo nuestro corazón para que ellos puedan sanarse e irse a su casa. Pero a mi madre no logramos hacerle eso, para ustedes es un riñón-.
- Pero para el señor de la bata blanca es una diálisis… o la espera de un transplante- Dijo con rabia Giannisa
- Para mi es vida, es el motor del sueño de mi madre, quien me crió sola y a quien ahora no puedo darle vida.- Dijo tambaleante y triste Tania.
- ¿Qué podemos hacer? – Dije yo.
Entonces el silencio nos invadió, y nos abrazamos con fuerza.
Leonor es la mamá de Tania, integrante de nuestro grupo, amiga de nosotros, y por sobre todos, parte de nuestra familia en Valparaíso. Hace poco más de unos dos meses, unos exámenes que tuvo que hacerse arrojaron resultados horribles, que motivaron una evaluación por un nefrólogo. El diagnostico no era muy alentador, porque el señaló que sus riñones ya no funcionaban y que debería empezar a dializarse cuanto antes.
Pero dializarse no es tan simple como parece. Primero que todo, la tía Leonor necesitaba una fístula, por ende una intervención quirúrgica. Encontramos cama, pero para 6 meses más… para un asunto que necesitaba una urgencia de no más allá de dos semanas. Ahora estábamos al otro lado de la vereda, con impotencia de no saber que hacer. Luego de unas semanas, y gracias a nuestro querido amigo “pituto”, “cuña” o como quieran llamarle, consiguieron una cama. Donde le instalaron una fístula que al cabo de unas semanas, no funcionó. De nuevo en busca de otra cama, por otra fístula, que por suerte resultó.
Para llegar a esto hubo que pasar muchas rabias, darnos cuenta que el sistema de salud era horrible, donde tratamos de esconder eso como grupo, con una sonrisa de oreja a oreja cada mañana y decirles a todo “¡Esto funciona bien!”
Como comentario grupal, señalamos que este es un tema que nos tocó fuerte, donde queríamos ayudar, pero no encontrábamos las herramientas, donde por adelantar una cama dejamos a otro afuera, que quizás la necesitaba con suma urgencia, o quizás 10 personas que la necesitaban con urgencia. ¿Por qué no hay salud equitativa en Chile? ¿Que cuesta darle al país salud?
Lo peor, fue la impotencia de pararse el siguiente lunes, entrar a práctico, a “trabajar” en ese mismo hospital que nos negaba una cama y decir “Esto funciona bien”.
Quizás en este comentario no se tomó en cuenta ningún valor e forma explicita, quizás pasamos a llevar todos los principalísimos de la bioética, quizás lo hicimos todo mal, o lo hicimos todo bien. Pero nos impacta ver como las cosas son malas, donde vemos a alguien cercano sufrir. En estos momentos no nos queda más que mirarnos con calidez y abrazarnos.
Leonor seguía en la Playa, mirando el mar. Entonces nosotros miramos la ventana y la vimos más nítida. Preguntamos cuanto de gruesa era y nos dijo el chofer:
- Tranquilo chicos, les queda un par de años para llegar a la estación, por mientras esfuércense y estudien, para ver si pueden ayudar a toda esa gente que está en esa playa-
Nos dimos cuenta que en esa playa habían miles de personas que nos agitaban la mano pidiendo ayuda. Nosotros nos dimos cuenta que este momento nos sirvió para ver que también somos vulnerables, pero nos inspira a seguir estudiando, para darle atención a quienes lo necesitan, porque una sonrisa no lo cambiará todo, pero un abrazo nos ayuda, nos da energía para cambiar en algo este problema que nos aqueja a todos, en esta salud publica chilena.
- Animo muchachos, nos queda poco y esto no impedirá que con la mejor cara nos paremos ese lunes a darle atención a quienes lo necesitan, quien dice que en unos años más podemos cambiar algo… entre todos.-
Nos miramos entre todos, y nos abrazamos silenciosamente.
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